
La “Puerta de las Lágrimas”, situada en el estrecho de Bab al-Mandeb, se perfila como una herramienta estratégica que Irán podría utilizar para modificar el equilibrio de poder frente a Estados Unidos sin necesidad de un enfrentamiento directo. Este desarrollo se produce tras el cierre del estrecho de Ormuz, donde Teherán busca presionar a Washington para que ceda, aumentando los costos de la inacción. Sin embargo, la respuesta de Estados Unidos, que incluye un bloqueo naval a puertos iraníes, ha cambiado esta dinámica, intentando que la resistencia sea más costosa que la negociación, según informa el medio 1945.
Ante esta situación, Irán parece estar adoptando una nueva estrategia: expandir el conflicto de manera horizontal en lugar de intensificarlo en un solo frente. En este contexto, Bab al-Mandeb se convierte en un punto crítico, ya que por esta ruta transita aproximadamente el 12% del petróleo mundial. Esto es especialmente relevante dado que parte del crudo que evita el estrecho de Ormuz ya se dirige hacia el Mar Rojo a través de esta vía.
Una de las ventajas para Teherán es que no necesita una intervención directa, ya que sus aliados en Yemen, los hutíes, tienen la capacidad de alterar el flujo marítimo mediante ataques selectivos utilizando drones, misiles y embarcaciones explosivas. Experiencias recientes han demostrado que no es necesario cerrar completamente el estrecho; basta con generar suficiente incertidumbre para que las aseguradoras y las navieras cambien sus rutas, lo que encarece el comercio global sin violar formalmente ninguna norma internacional.
Esta estrategia también proporciona a Irán una ventaja política, ya que puede ejercer presión sin asumir la responsabilidad directa de las acciones de los hutíes. La relación entre Teherán y los hutíes permite mantener una ambigüedad que resulta útil, donde existe coordinación, pero el control absoluto es difícil de demostrar. Esto le da a Irán la flexibilidad de escalar o reducir la tensión según la respuesta de Estados Unidos.
El impacto económico de esta situación podría ser inmediato. Con el estrecho de Ormuz ya bajo tensión, la adición de otro punto crítico como Bab al-Mandeb podría reducir aún más la flexibilidad del sistema energético global, elevando los precios y complicando la logística internacional.
En este sentido, la “Puerta de las Lágrimas” no es solo un paso marítimo, sino una herramienta geopolítica que, si Irán decide activar, podría transformar el conflicto en un desafío mucho más amplio, para el cual la estrategia actual de Washington podría no estar adecuadamente preparada.