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Descubren un secreto de la malaria que podría revolucionar el desarrollo de nuevos medicamentos

Descubren un secreto molecular de la malaria que impulsa nuevos tratamientos.
Descubren un secreto molecular de la malaria que impulsa nuevos tratamientos.

Un nuevo estudio del Instituto Weizmann de Ciencias ha revelado detalles sobre la estructura del parásito de la malaria, lo que podría ayudar a desarrollar mejores tratamientos antipalúdicos.

Investigación sobre la malaria

La malaria es una enfermedad que sigue siendo un grave problema de salud pública a nivel mundial, causando la muerte de aproximadamente medio millón de personas cada año, muchas de ellas niños pequeños. A pesar de los avances en la reducción de la incidencia de la enfermedad en las primeras dos décadas del siglo XXI, la malaria continúa siendo un desafío significativo. Gran parte de los esfuerzos para erradicar la malaria se centran en el control de los mosquitos, que son los vectores que transmiten el parásito unicelular del género Plasmodium.

El interés del profesor Leslie Leiserowitz

El profesor Leslie Leiserowitz, del Instituto Weizmann, se interesó por la malaria desde su infancia en Sudáfrica, donde su padre exploraba el continente en busca de madera. Durante esas exploraciones, su padre le contaba historias sobre la fauna local y también sobre los efectos secundarios de la quinina, un medicamento utilizado para prevenir la malaria. Años más tarde, mientras estudiaba cristales, Leiserowitz se dio cuenta de que su investigación era sorprendentemente relevante para el estudio de la malaria.

Colaboración y descubrimientos

Leiserowitz propuso estudiar los cristales del parásito, y unió fuerzas con su colega de la facultad de química, Michael Elbaum. Juntos, llevaron a cabo un estudio que involucró a destacados equipos de investigación de todo el mundo, culminando en un artículo científico que revela la estructura del parásito de la malaria y cómo este logra sobrevivir. Según Elbaum, “se habían enormes avances en tecnologías de obtención de imágenes, como la microscopía electrónica de rayos X, y nos dimos cuenta de que podíamos aplicarlas para hacer algo bueno para la humanidad”.

El ciclo de vida del parásito

El parásito de la malaria se apodera de los glóbulos rojos, donde se alimenta de la hemoglobina, una proteína que transporta oxígeno en la sangre. Al digerir la hemoglobina, el parásito libera hemo, un complejo molecular que contiene hierro, que es necesario para su supervivencia. Sin embargo, el hemo liberado es altamente reactivo y puede ser tóxico para el parásito. Para sobrevivir, el parásito empaqueta el hemo en una forma inofensiva conocida como hemozoína.

Avances en la investigación

En los primeros estudios, Leiserowitz se sintió fascinado por las simetrías de los cristales, un tema que había investigado durante años. Mientras tanto, Elbaum y sus colegas de la Universidad Hebrea de Jerusalén estaban estudiando el proceso de replicación del parásito. Utilizando técnicas de tomografía de rayos X y crioelectrónica, los investigadores pudieron obtener imágenes detalladas de la estructura del parásito.

Colaboración internacional

El estudio se expandió para incluir a 17 investigadores de diferentes países, incluyendo Israel, el Reino Unido, Austria, la República Checa y Estados Unidos. Esta colaboración fue esencial para desentrañar la compleja evolución del parásito y su estructura. El trabajo resultó en una serie de valiosos conocimientos sobre la malaria, incluyendo la resolución de un enigma sobre la forma del pigmento hemozoína, que se asemeja a un cuchillo de cocina con un extremo afilado y un mango irregular.

Implicaciones para el desarrollo de fármacos

Los hallazgos del estudio tienen importantes implicaciones para el diseño de nuevos fármacos antipalúdicos. Comprender la estructura del parásito y cómo se une a los glóbulos rojos es crucial para desarrollar tratamientos que puedan interrumpir su ciclo de vida. Elbaum explica que “imaginemos que estamos produciendo, digamos, 500 coches al día, y al final de la línea, los conductores tienen que retirarlos. Eso es exactamente lo que ocurre cuando un fármaco impide que el parásito avance en su ciclo de vida”.

Reconocimiento y contribuciones

El estudio fue presentado en un simposio titulado “Leslie 90: odisea científica”, que celebró el 90 cumpleaños de Leiserowitz. Este evento coincidió con la publicación de los resultados del estudio, que sirvieron como un reconocimiento a las numerosas contribuciones de Leiserowitz y su equipo a la investigación sobre la malaria. Entre los colaboradores se encontraban investigadores de diversas instituciones, incluyendo la Universidad de Dublín, la Universidad de Copenhague y el Laboratorio Rutherford Appleton en el Reino Unido.

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