Una empresa emergente estadounidense, ExThera Medical, junto con su socio Quadrant Management, ha sido objeto de críticas por la promoción de un tratamiento experimental contra el cáncer que, según diversas denuncias, no solo falló en cumplir con sus promesas, sino que pudo haber contribuido a la muerte de varios pacientes.
Detalles sobre el tratamiento y el dispositivo
De acuerdo con información proporcionada por New York Times, el dispositivo en cuestión es un filtro sanguíneo denominado Seraph 100, el cual fue presentado como una solución innovadora para la eliminación de células cancerosas. Sin embargo, hasta la fecha, no existen datos clínicos que respalden su efectividad en humanos.
El filtro Seraph 100 fue inicialmente diseñado para eliminar patógenos de la sangre, incluyendo virus y bacterias, y recibió la aprobación de la FDA para su uso de emergencia en pacientes afectados por COVID-19. A pesar de esto, ExThera y Quadrant comenzaron a comercializarlo como un tratamiento para el cáncer, lo que ha suscitado serias preocupaciones.
En un movimiento controvertido, Quadrant estableció una clínica en Antigua, donde la FDA no tiene autoridad, para ofrecer este tratamiento a pacientes con cáncer avanzado, cobrando hasta $45,000 por sesión.
Afirmaciones no respaldadas
Según testimonios y grabaciones obtenidas por el medio mencionado, los representantes de ExThera y Quadrant afirmaban a los pacientes que el dispositivo había logrado curar a varios participantes de un estudio realizado en Croacia. Sin embargo, no existen datos publicados que respalden estas afirmaciones, lo que plantea serias dudas sobre la veracidad de las declaraciones realizadas por las empresas.
Testimonios de pacientes y familiares
Entre los pacientes afectados se encuentra David Hudlow, quien padecía cáncer de esófago en etapa avanzada. Su esposa, Kim Hudlow, compartió su experiencia, relatando que viajaron a Antigua llenos de esperanza, pero que la salud de David se deterioró rápidamente tras las sesiones de filtrado. David falleció poco después de regresar a Estados Unidos.
Otros pacientes, como John Bowen y Brian Withey, también enfrentaron complicaciones graves tras someterse al tratamiento. Bowen falleció días después de regresar a Chicago, mientras que Withey, aunque sobrevivió, experimentó un agravamiento de su cáncer.
Este caso ha generado un debate significativo sobre la ética de la promoción de tratamientos experimentales sin la debida evidencia científica que respalde su eficacia y seguridad.

