Ecuador enfrenta una crisis de seguridad sin precedentes, caracterizada por un alarmante aumento en el número de homicidios y la rápida expansión de pandillas en las principales ciudades. Este contexto se agrava con la violencia en las cárceles, que tuvo un nuevo episodio trágico el pasado fin de semana, cuando se reportaron 31 muertes, de las cuales 27 fueron por ahorcamiento, durante un motín en la prisión de Machala.
Un análisis realizado por la BBC indica que la raíz de la violencia en los centros penitenciarios de Ecuador se debe principalmente a las disputas entre bandas rivales que buscan controlar el tráfico de drogas desde dentro de las cárceles. Además, se señala que la violencia carcelaria ha aumentado en los últimos años, especialmente tras la construcción del penal de máxima seguridad en Santa Elena, conocido como “El Encuentro”, que tiene capacidad para albergar a 800 reos de alta peligrosidad.
Este nuevo centro penitenciario, inaugurado recientemente, ha generado resistencia entre algunos reclusos que se oponen a ser trasladados allí. El presidente Daniel Noboa ha manifestado su intención de implementar un enfoque similar al “Método Bukele” de El Salvador en el país sudamericano.
La situación de inseguridad, tanto civil como carcelaria, se ha intensificado a medida que se acerca el referéndum del 16 de noviembre, impulsado por Noboa, en el que se propone la instalación de bases militares de Estados Unidos para combatir el narcotráfico.
El académico Jorge Nuñez, experto en prisiones ecuatorianas, afirmó a la BBC que “en Ecuador el origen de las bandas criminales que actualmente operan en el país fue en las cárceles”. En sus declaraciones, Nuñez enfatizó que “sigues metiendo gente a la cárcel y sigues haciendo crecer a las bandas. Básicamente estás haciendo el trabajo de reclutamiento tú como Estado”.
Wagner Bravo, exsecretario de Seguridad de Ecuador, también comentó sobre la complejidad del sistema carcelario, señalando que la infraestructura de las cárceles no está diseñada para albergar a criminales de alta peligrosidad. Bravo explicó que “los delincuentes a veces se encuentran mucho más seguros al interior de las cárceles, que afuera en las calles, cometiendo sus fechorías”.
La cárcel de Machala, donde ocurrió el reciente motín, es un establecimiento que fue acondicionado hace 40 años y no está preparado para la violencia actual. Bravo añadió que “no hemos podido hacer una reingeniería en el tema carcelario”.
El episodio más violento en la historia carcelaria de Ecuador ocurrió en octubre de 2021, en el Centro de Privación de Libertad Número 1 en Guayaquil, donde 116 presos perdieron la vida y cerca de 80 resultaron heridos durante un motín.
En respuesta a la creciente violencia, el presidente Noboa anunció que 300 de los prisioneros más peligrosos han sido trasladados a la nueva cárcel de El Encuentro. Esta prisión, que se construyó en una zona aislada de Santa Elena, es parte de la estrategia del gobierno para abordar la crisis de seguridad.
La cárcel de El Encuentro tiene una capacidad máxima de 736 reclusos y actualmente el sistema penitenciario de Ecuador opera al 30% por encima de su capacidad, según el Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Privadas de Libertad (SNAI).
El gobierno ecuatoriano planea contratar a policías y militares retirados para garantizar la seguridad en este nuevo centro, en lugar de utilizar al personal del SNAI, que ha sido criticado por corrupción y por su ineficacia en el manejo de las bandas criminales en otras prisiones.
El ministro del Interior, John Reimberg, ha declarado que la prisión cuenta con “todas las medidas tecnológicas” necesarias para evitar la entrada de objetos no permitidos y que está equipada con “todo lo necesario para la atención médica”, con el objetivo de que los reclusos no tengan que ser trasladados a hospitales. Reimberg también destacó que los prisioneros están en celdas diseñadas para impedir cualquier contacto o comunicación con el exterior.

