Cuba enfrenta su mayor crisis en décadas, marcada por una compleja interrelación de problemas económicos, sociales y sanitarios.
La isla caribeña se encuentra en una situación crítica, con múltiples crisis que se solapan y agravan mutuamente, incluyendo la económica, energética, sanitaria, migratoria, social y política. Este escenario es considerado el más grave desde el triunfo de la revolución en 1959, superando incluso el llamado “período especial” que siguió a la caída del bloque socialista en Europa. La vida diaria de los cubanos se ve afectada en casi todos los aspectos, con apagones que superan las 20 horas diarias en muchas regiones del país, y una producción agrícola e industrial que ha colapsado.
La escasez de productos básicos ha impulsado el crecimiento del mercado negro, la corrupción y la inflación, mientras que el valor del dólar ha erosionado la moneda local. El turismo, que solía ser una de las principales fuentes de ingresos, ha caído drásticamente, y el éxodo masivo de cubanos ha dejado a la población envejecida, con un alto porcentaje de ancianos y pocos jóvenes. Además, la epidemia de dengue y chikunguña ha puesto de manifiesto el deterioro del sistema de salud pública.
Desde agosto de 2024, Cuba ha estado lidiando con una severa crisis energética, atribuida a las constantes fallas en sus antiguas centrales termoeléctricas y a la falta de inversión para modernizarlas. La escasez de divisas ha limitado la capacidad del Estado para importar el petróleo necesario, y el bloqueo del petróleo venezolano, que representaba aproximadamente el 30% de la demanda cubana, ha incrementado la incertidumbre. Expertos advierten que se requieren entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para rehabilitar el sistema eléctrico, lo que se considera un desafío estructural sin solución a corto o medio plazo.
La crisis económica ha llevado a las autoridades a calificar la situación como una “economía de guerra”, con una contracción del producto interno bruto (PIB) de más del 15% desde 2020. En los primeros nueve meses de 2025, el PIB se redujo un 4%. La caída del turismo, que pasó de 4,7 millones de visitantes en 2018 a aproximadamente 1,8 millones en 2025, ha exacerbado la crisis. En respuesta, el Gobierno ha implementado un paquete de medidas que incluye recortes presupuestarios y una dolarización parcial de la economía, aunque muchos expertos señalan que la raíz del problema radica en el sistema de economía centralizada y la mala gestión.
El éxodo de cubanos ha alcanzado cifras récord, principalmente hacia Estados Unidos y España, con una contracción de la población del 24% en solo cuatro años, según el economista y demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos. Actualmente, más del 20% de la población cubana tiene 60 años o más, lo que plantea serios desafíos demográficos.
En el ámbito político, la crisis económica y el deterioro de los servicios públicos han debilitado el capital político del sistema. Desde el estallido social del 11 de julio de 2021, que resultó en las mayores manifestaciones antigubernamentales en décadas, más de 1.700 personas han sido encarceladas por motivos políticos, y las causas de las protestas siguen sin resolverse.
Cuba también enfrenta una crisis sanitaria, con un brote de dengue y chikunguña que ha dejado 65 muertos, en su mayoría menores de edad, y más de 81.000 casos registrados en 2025. La falta de medicamentos y el deterioro de las instalaciones de salud se agravan por la disminución del 27% en el número de médicos en cinco años, pasando de 103.835 en 2020 a 75.364 en 2024. El Ministerio de Salud Pública de Cuba reportó una mortalidad infantil de 9,9 por cada 1.000 nacidos vivos al cierre de 2025, un aumento significativo respecto a la tasa de 3,9 en 2018.

