La creciente influencia de Rusia y China en el Ártico está transformando el equilibrio estratégico en la región, según el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien compareció ante el Parlamento Europeo para discutir un acuerdo que desactivó la amenaza de aranceles del presidente estadounidense Donald Trump contra ocho países aliados por Groenlandia.
Durante su intervención, Rutte explicó que la reunión con Trump en el Foro Económico de Davos la semana pasada dio lugar a dos canales de negociación sobre Groenlandia y la seguridad en el Ártico. Uno de estos canales involucra directamente a la OTAN y busca un mayor compromiso de la Alianza en la defensa del Ártico, una región que, debido al deshielo acelerado por el cambio climático, se está convirtiendo en un área de oportunidades económicas y, al mismo tiempo, en un foco de creciente fricción geopolítica. Rutte destacó que siete de los ocho países con presencia en el Ártico son miembros de la OTAN, mientras que el octavo es Rusia, lo que subraya la importancia de evitar que Moscú y Beijing amplíen su influencia militar y económica en esta zona estratégica.
El segundo canal de negociación, que no está vinculado a la OTAN, se centra en las conversaciones trilaterales entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia, que comenzaron el 14 de enero en la Casa Blanca. Rutte enfatizó que este proceso es responsabilidad exclusiva de los daneses, groenlandeses y estadounidenses, y no de la OTAN.
El trasfondo de estas iniciativas es la creciente militarización del Ártico y la intensificación de la competencia entre las grandes potencias. Rusia considera el Ártico crucial para mantener sus intercambios con Asia, especialmente para contrarrestar el impacto de las sanciones occidentales sobre sus exportaciones de hidrocarburos. Moscú cuenta con la mayor flota de rompehielos del mundo, incluidos buques de propulsión nuclear, y ha incrementado su presencia militar en la región.
Por su parte, China, aunque no tiene una presencia militar tan amplia como Rusia, ha aumentado su actividad en el Ártico en cooperación con Moscú desde 2022. En 2024, bombarderos de ambos países realizaron una patrulla conjunta cerca de Alaska, lo que fue interpretado como un signo de coordinación estratégica. China también dispone de rompehielos equipados con minisubmarinos para cartografiar los fondos marinos y de satélites dedicados a la observación del Ártico. Aunque las autoridades chinas insisten en que estas operaciones son de carácter científico, analistas occidentales advierten sobre el potencial militar de estas actividades y el interés de China en diversificar sus rutas comerciales a través de la llamada Ruta Polar de la Seda.
En este contexto, el Ártico se perfila como un nuevo escenario de rivalidad geopolítica, donde la combinación de las capacidades militares rusas y la creciente presencia china representa uno de los principales desafíos estratégicos para Estados Unidos y sus aliados.

