Estados Unidos ha capturado al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, quienes enfrentarán cargos de narcotráfico y otros delitos. La operación, llevada a cabo el pasado sábado, se considera un triunfo significativo para la administración del presidente Donald Trump, quien ha promovido lo que ha denominado la “Doctrina Donroe”, una reinterpretación de la histórica Doctrina Monroe.
El término “Donroe”, que combina el nombre de Donald Trump con la Doctrina Monroe, fue popularizado en enero por el New York Post y ha sido adoptado por analistas y medios internacionales para describir la influencia de Estados Unidos en América Latina bajo el mandato de Trump. En una conferencia de prensa, Trump afirmó: “Ahora la llaman la Doctrina Donroe. El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado”.
El documento oficial que respalda esta nueva doctrina, conocido como el “corolario Trump a la Doctrina Monroe”, establece que Estados Unidos debe reafirmar su influencia en América Latina como una condición esencial para su seguridad y prosperidad global. En el texto, Trump sostiene que “Estados Unidos debe ser preeminente en el hemisferio occidental como condición para nuestra seguridad y prosperidad, una condición que nos permite afirmarnos con confianza donde y cuando lo necesitemos en la región”.
Will Freeman, investigador del Council on Foreign Relations, explicó que Trump busca dar un nuevo enfoque a una idea antigua, describiendo la Doctrina Donroe como “una justificación ideológica para la intervención de Estados Unidos o para la mano dura en la región, centrada explícitamente en la inmigración”. Este enfoque se enmarca en un contexto donde la administración estadounidense considera que América Latina es tanto origen de problemas como la inmigración ilegal y el narcotráfico, como también una clave para resolverlos.
El documento también menciona la amenaza de los cárteles de la droga y las incursiones extranjeras hostiles, evocando la Doctrina Monroe original. Históricamente, esta estrategia tiene antecedentes, como el “corolario Roosevelt” de 1904, que justificaba la intervención estadounidense en países incapaces de cumplir compromisos financieros o proteger sus democracias.
La administración Trump ha identificado la “migración ilegal y desestabilizadora” como uno de los principales desafíos, señalando que aproximadamente la mitad de los inmigrantes en Estados Unidos proviene de América Latina. Además, advierte sobre el impacto de los cárteles, dado que casi toda la cocaína consumida en Estados Unidos proviene de Colombia, Perú y Bolivia. Esta situación resuena con los intereses de la base política de Trump, que se preocupa por estos temas internos.

