Este lunes se confirmó el fallecimiento de monseñor Alejandro Goic Karmelic a los 85 años, quien fue obispo de Rancagua entre 2004 y 2018.
El pasado viernes 29 de agosto, el religioso fue ingresado de urgencia a la Clínica Isamedica en Rancagua, donde estuvo bajo observación médica.
El Obispado de Rancagua emitió un comunicado en el que expresó: “Con profundo pesar informamos que hoy, 1 de septiembre, ha partido a la Casa del Padre monseñor Alejandro Goic Karmelic, obispo emérito de Rancagua”. En el mismo comunicado, se solicitó a la comunidad eclesial y a quienes lo conocieron que se unieran en oración por su descanso eterno y por el consuelo de sus familiares y seres cercanos.
Guillermo Vera, actual obispo de Rancagua, describió a Goic como un “hombre bueno, pastor entregado en el apostolado, chileno que supo reír, llorar y soñar con sus hermanos”. Vera también destacó que “Punta Arenas, Concepción, Talca, Osorno, Rancagua, la Iglesia que camina en Chile, conocieron hoy y dan gracias a Dios por haber tenido un pastor que supo caminar con su pueblo”. Además, mencionó que el lema que guió la vida de Goic fue “Cristo es mi vida”, y que como sacerdote y obispo buscó inculcar esa certeza en el corazón de los creyentes.
Alejandro Goic Karmelic nació en Punta Arenas y era tío de la exsenadora Carolina Goic, del partido Democracia Cristiana. A lo largo de su carrera religiosa, desempeñó un papel significativo en el ámbito social, sirviendo como párroco y capellán de la penitenciaría en su ciudad natal. En 1978, mientras era vicario general de Punta Arenas, participó en gestiones para evitar el conflicto del Beagle.
Durante la dictadura, Goic fue obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Concepción, periodo en el que fue apodado “obispo rojo”, debido a su preocupación por las demandas de los mineros de Lota. Entre 1994 y 2003, ocupó el cargo de obispo de Osorno, y entre 2004 y 2010 fue presidente de la Conferencia Episcopal.
Como obispo de Rancagua, Goic se destacó por su intervención en las negociaciones de los trabajadores subcontratados por Codelco, proponiendo el reemplazo del sueldo mínimo por un “sueldo ético”. Su salida en 2018 estuvo marcada por la denuncia que realizó contra 14 sacerdotes acusados de abusos sexuales contra menores de edad.

