La búsqueda de una piel saludable y rejuvenecida ha llevado a una revolución en los tratamientos estéticos no quirúrgicos, que hoy ofrecen alternativas seguras y efectivas para aquellos que desean mejorar su apariencia sin recurrir a la cirugía. Estos procedimientos permiten abordar desde la hidratación y luminosidad hasta la corrección de arrugas y la prevención del envejecimiento, aunque deben realizarse siempre bajo la supervisión de especialistas.
De acuerdo con información revelada por Infobae Colombia a través de Dariela Capacho Estrada, médica cirujana de la Universidad Rosario en Bogotá, la elección del tratamiento más adecuado depende de las necesidades individuales y de la etapa de vida de cada persona. Asimismo, explicó que no existe una edad fija para iniciar estos procedimientos, por lo que se recomienda una valoración para determinar el momento oportuno.
Cabe mencionar que el estilo de vida influye de manera directa en la salud y eficacia de los tratamientos estéticos. Así, la especialista indicó que una dieta rica en antioxidantes, vitaminas y minerales protege contra el daño celular y el envejecimiento prematuro, mientras que una alimentación deficiente puede acelerar estos procesos. Del mismo modo, se informó que el tabaquismo, la contaminación ambiental y la exposición excesiva al sol contribuyen al deterioro cutáneo, provocando arrugas, manchas y sequedad. En contraste, el ejercicio regular, la calidad del sueño y el uso de productos dermatológicos adecuados para cada tipo de piel son factores clave para potenciar los resultados de los tratamientos médico-estéticos.
Los mitos, beneficios y riesgos de los procedimientos quirúrgicos, según Estrada, bien realizados, se manifiestan tanto a corto como a largo plazo. Inicialmente, se observa una profunda y mayor luminosidad, reducción de manchas finas y una apariencia más uniforme y fresca. Con el tiempo, la estimulación del colágeno y la elastina proporciona firmeza y previene la flacidez severa, contribuyendo al rejuvenecimiento natural y reduciendo la necesidad de cirugía a edades tempranas. No obstante, un mal procedimiento puede acarrear consecuencias negativas.
El abuso o la aplicación de tratamientos por personal no calificado pueden generar rostros poco naturales, hinchados, rígidos y envejecidos prematuramente. Estrada aseguró que las dosis inadecuadas de toxina botulínica pueden borrar expresiones faciales, y que un registro sanitario bajo incrementa el riesgo de infecciones, reacciones inflamatorias e incluso necrosis. Asimismo, los peelings y láseres, si no están indicados, pueden dejar efectos permanentes difíciles de corregir. Además, la dependencia de la medicina estética, motivada por la búsqueda de cambios inmediatos, puede desgastar y distorsionar la autoimagen.
Por esta razón, una evaluación rigurosa es indispensable antes de cualquier intervención, puesto que debe realizarse una historia clínica completa, investigar antecedentes médicos, alergias y posibles contraindicaciones, así como examinar detalladamente y discutir las expectativas realistas del paciente. La verificación de la seguridad de los productos, junto con la formación específica del profesional, son garantías esenciales para minimizar riesgos y lograr resultados satisfactorios.
Algunos casos de figuras públicas ilustran los peligros del exceso en tratamientos estéticos. Uno de los ejemplos mencionados fue Courteney Cox, quien reconoció públicamente su arrepentimiento tras someterse a múltiples rellenos, optando por retirarlos para recuperar su aspecto natural. Madonna ha sido objeto de comentarios drásticos sobre su rostro, y Donatella Versace representa un ejemplo de cómo los procedimientos repetidos y sin moderación pueden alterar la armonía facial.
“Estas situaciones reflejan una realidad contundente: sumar puede ser positivo, pero también restar si no se maneja con criterio y moderación. La verdadera belleza está en el equilibrio. No se trata de detener el proceso de envejecimiento ni de borrarlo por completo, sino de resaltar lo mejor de uno mismo sin perder la naturalidad en el proceso de envejecer nuestra versión”, puntualizó Estrada.
Los procedimientos dermatológicos se dividen en dos grandes categorías: los inyectables y las tecnologías de energía. Los primeros incluyen una variedad de sustancias y técnicas que, aplicadas mediante microinyecciones, buscan hidratar, corregir imperfecciones y estimular la producción de colágeno. El segundo gran grupo está conformado por tecnologías de energía, que emplean dispositivos médicos para renovar el tejido.

