Los cambios en el sistema inmunológico a medida que se envejece son inevitables, lo que resulta en una mayor vulnerabilidad a enfermedades como las infecciones respiratorias. Sin embargo, no se ha identificado un suplemento milagroso que impulse el sistema inmunitario. La clave para mantener una buena salud inmunológica radica en varias intervenciones de estilo de vida, como vacunarse regularmente, hacer ejercicio, dormir adecuadamente, llevar una dieta saludable y reducir el estrés. Además, “es interesante considerar otra intervención: conexión social”, indica un medio especializado.
La importancia de la conexión social
Un estudio mencionado por este medio, que involucró a más de 450,000 personas en el Reino Unido y Finlandia, muestra que “la soledad estaba asociada a un riesgo grave que requería hospitalización”. En relación con la conexión social, Netana Markovitz, médica residente en la Escuela de Medicina de Harvard, en una columna del Washington Post, destaca que el aislamiento podría alterar el sistema inmunológico al activar el sistema nervioso simpático, lo que aumenta la expresión de genes inflamatorios perjudiciales y reduce las proteínas que combaten infecciones. Aunque no existe una dosis exacta, se subraya la importancia de mantener relaciones con otros, especialmente para los adultos mayores que viven solos. “Muchos están solos, y mantenerse comprometido con otros es importante”, afirma.
Actividades que fomentan conexiones
Participar en actividades como tomar clases, unirse a un club de lectura o ser voluntario puede fomentar estas conexiones sociales. Además, se recalca la importancia de un microbioma amigable. Consumir frutas, verduras, legumbres, granos enteros y grasas saludables, como el aceite de oliva, mientras se minimiza el consumo de carne roja, puede ayudar a reducir la inflamación y mantener un microbioma intestinal saludable, lo cual es crucial para la salud inmunológica. El medio advierte que “las dietas altas en alimentos ultraprocesados han sido asociadas con disfunción inmunológica”. Chelsea Conrad señala que, aunque hay un creciente interés en los suplementos para combatir el envejecimiento, “estas todavía están lejos de ser de uso común”. Se aconseja precaución con los suplementos, ya que un exceso puede ser perjudicial. Algunas personas pueden necesitar suplementos de vitamina D y B12, pero siempre bajo consulta médica.
Ejercicio y su impacto en la salud inmunológica
El ejercicio es un pilar fundamental en el cuidado de la salud inmunológica. Según se explica, “el ejercicio estimula y mejora la respuesta del cuerpo a las vacunas”. Se refiere a que “las mayores tasas de actividad física estaban asociadas con una menor incidencia de neumonía adquirida en la comunidad en mujeres”. La actividad física regular, especialmente el ejercicio aeróbico, es beneficiosa para la salud inmunológica, y se sigue investigando cuál es la duración y el tipo óptimo de ejercicio. Las recomendaciones del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades indican que se deben realizar al menos 150 minutos de actividad moderada a la semana, como caminar a paso ligero, o 75 minutos de actividad vigorosa, como correr, además de entrenamiento de fuerza al menos dos veces por semana. Se enfatiza: “Cualquier actividad es mejor que ninguna”, sugiriendo priorizar actividades que aporten alegría y constancia.
El papel del sueño en la salud inmunológica
El sueño también juega un papel crítico en la función inmunológica, ya que la privación del sueño compromete la capacidad del cuerpo para combatir infecciones, siendo esta afectación notable en las personas mayores. “Los mayores son propensos a experimentar interrupciones en el sueño, lo que afecta su salud inmunológica”, resalta el medio. Se recomienda que los adultos mayores intenten dormir entre siete y ocho horas por noche, y para lograrlo, pueden ser útiles ciertas estrategias, como ajustar el reloj biológico, evitar despertarse a mitad de la noche y limitar las siestas a una hora. Se aconseja consultar a un médico si una persona se despierta frecuentemente durante la noche para descartar condiciones como la apnea del sueño.
Es evidente que un enfoque integral que incluya conexiones sociales y un estilo de vida adecuado es fundamental para fortalecer el sistema inmunológico a medida que envejecemos. Es esencial seguir prácticas que no solo beneficien la inmunidad, sino también el bienestar general.

