La limerencia es un estado mental involuntario que se caracteriza por una obsesión intensa hacia otra persona, según lo describe Psychology Today. Este fenómeno, que se diferencia del amor y la lujuria, se basa en el deseo de ser correspondido de la misma manera, pero con la incertidumbre de que la otra persona sienta lo mismo. La limerencia es una experiencia que abarca aspectos físicos y emocionales, aunque generalmente es unilateral. Este término fue acuñado en 1979 por la psicóloga Dorothy Tennov en su obra “Love and Limerence”, donde se menciona que esta obsesión “no requiere atracción sexual, aunque la persona debe ser alguien con quien al menos puedas imaginarte a ti mismo”.
Los síntomas de la limerencia
Para comprender la limerencia, es fundamental identificar al “objeto limerente”, que es la persona hacia la cual se dirige esta obsesión. La definición de limerencia puede ser compleja, ya que a menudo se confunde con el amor. El psicólogo Javier Ares Arranz señala en La Vanguardia que hay tres aspectos clave para identificarla:
Aspecto cognitivo
El primer aspecto es el cognitivo, que se refiere a los pensamientos persistentes sobre el “objeto limerente”. Ares explica que la persona que experimenta limerencia puede caer en la creencia de que, si no reflexiona constantemente sobre esa persona, disminuirán las posibilidades de ser amada.
Aspecto emocional
El segundo aspecto es el emocional. Quienes padecen limerencia suelen experimentar una ansiedad constante ante la posibilidad de que su “ser amado” no sienta lo mismo. Además, pueden interpretar cualquier acción del otro como una señal de reciprocidad, lo que puede llevar a interpretaciones sesgadas e irracionales.
Aspecto conductual
El tercer aspecto es el conductual. Este comportamiento puede incluir celos y la necesidad constante de asegurarse de que no están siendo engañados. Esto puede llevar a la persona a exigir pruebas de amor o a consultar a terceros sobre la situación, buscando validación que, aunque momentáneamente alivie su ansiedad, puede perpetuar un ciclo de inestabilidad emocional.
Diferencias entre limerencia y amor
Al analizar los síntomas, es común que se confunda la limerencia con el amor. Sin embargo, existen diferencias significativas. En el amor, una persona se preocupa genuinamente por el bienestar del otro, mientras que en la limerencia, la preocupación por el bienestar del “objeto limerente” es secundaria. La valoración de la otra persona se basa en su importancia en la vida del limerente, sin que necesariamente haya una preocupación real por su bienestar.
Además, la experiencia del deseo sexual es diferente. Según Psychology Today, “un individuo en estado limerente no necesariamente desea tener relaciones sexuales con el objeto de su deseo”. La obsesión se centra más en la necesidad de que el otro sienta lo mismo, donde la fantasía puede ser más emocionante que la realización de la misma.
¿Quiénes son afectados por la limerencia?
La limerencia puede afectar a cualquier persona, independientemente de su género, situación socioeconómica o cultural. Sin embargo, hay factores que pueden hacer a algunos individuos más susceptibles a experimentar limerencia. Según Healthessentials de la Cleveland Clinic, estos factores incluyen un apego inseguro, que se traduce en la falta de un apego seguro hacia uno mismo, así como experiencias traumáticas que dificultan la soledad. También se observa que las personas con baja autoestima pueden sentirse más seguras en una relación, a pesar de que esta pueda terminar en rechazo. La psicoterapeuta Natacha Duke aclara que “la imposible unilateralidad de una relación limerente puede resultar reconfortante, ya que significa que nunca eres verdaderamente vulnerable”.
Tratamiento para la limerencia
Identificar si se padece limerencia puede ser relativamente sencillo, ya que la principal diferencia con el amor radica en la preocupación por el bienestar del otro. Si la obsesión está más relacionada con la incertidumbre sobre los sentimientos del otro, es probable que se trate de limerencia. La psicóloga Marta Garrido González menciona que “a las personas que lo padecen les cuesta trabajo darse cuenta. Están obsesionados con esa persona y con que esa persona los ame”.
El tratamiento para la limerencia implica buscar ayuda psicológica para abordar la raíz de los pensamientos obsesivos y recurrentes. El objetivo es llevar a la persona a realizar acciones que la distraigan de la obsesión y a desarrollar un pensamiento más racional, evitando dejarse llevar por las emociones. Aunque Dorothy Tennov sugirió que la limerencia podría finalizar con la consumación de la relación, donde el objeto de deseo también siente lo mismo, a menudo este estado termina en tristeza, agonía o indiferencia.

