La investigación sobre las células de Hadley y su impacto en el clima global ha cobrado relevancia, especialmente en el contexto del cambio climático. En los trópicos, por encima de las selvas tropicales y océanos ecuatoriales, la intensa radiación solar que alcanza la Tierra genera una corriente de aire cálido y húmedo que asciende. Una vez en la atmósfera superior, este aire se desplaza hacia los polos en ambos hemisferios y posteriormente desciende en las regiones subtropicales, aproximadamente entre 20 y 30 grados de latitud. Este fenómeno contribuye a la formación de vastos desiertos, como el Sahara en el norte de África. Desde estas áreas, la corriente, conocida como la célula Hadley, regresa al ecuador, donde se calienta nuevamente y comienza un nuevo ciclo de ascenso.
Impacto de las células de Hadley en el clima global
Las dos células Hadley (una en el hemisferio norte y otra en el sur) son responsables de la circulación de la mayor parte del calor y la humedad a través de las latitudes bajas, lo que afecta significativamente la distribución climática global. Cuando el aire asciende, se enfría, lo que permite que el vapor de agua se condense, provocando fuertes lluvias en las zonas más profundas de los trópicos. En contraste, las corrientes de aire que descienden están acompañadas de vientos cálidos y secos que reducen las precipitaciones. En esencia, estas células determinan qué subtrópicos tendrán un clima árido y cuáles serán favorecidos con abundantes lluvias.
El caso de Israel y la importancia de las células de Hadley
Israel se encuentra en los márgenes de la célula Hadley del norte, lo que le confiere un clima semiárido. Dada su enorme importancia, estas células son objeto de interés para los científicos del clima. Sin embargo, a pesar de la abundante información sobre precipitaciones y temperaturas, medir el flujo total de estas corrientes es casi imposible. Para complicar aún más la situación, se han descubierto diversos modelos que intentan dar sentido a las contradicciones existentes entre los datos climáticos.
Los modelos climáticos globales utilizan proyecciones que indican un debilitamiento de las células Hadley en las últimas décadas, mientras que los análisis basados en observaciones sugieren lo contrario. Esta incertidumbre en un sistema tan esencial resta capacidad a los investigadores para evaluar cómo los seres humanos han contribuido al cambio climático reciente, lo que a su vez socava la credibilidad y dificulta cada vez más la formulación de políticas necesarias para enfrentar la crisis climática.
Investigación reciente sobre el debilitamiento de las células de Hadley
El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) es un documento importante en este campo y hace especial hincapié en esta cuestión. Un artículo publicado en Nature por el Dr. Rei Chemke del Departamento de Ciencias Planetarias del Instituto Weizmann y Janni Yuval del Instituto Tecnológico de Massachusetts aborda cómo se ha visto afectada la dinámica de las células Hadley durante décadas.
Los investigadores propusieron un método basado en la intensidad de las células Hadley para afrontar este reto. Yuval y su equipo buscaron datos que fueran fácilmente disponibles para formular una nueva forma de entender estas células. Tras examinar las ecuaciones físicas que describen el aire, identificaron una relación con un parámetro que controla constantemente: la presión a nivel del mar. A continuación, examinaron datos recopilados durante varias décadas y llegaron a la conclusión de que las células Hadley han ido debilitándose, tal como indican los modelos globales. Además, pudieron demostrar con alta certeza que este debilitamiento ha sido resultado de la actividad humana y que probablemente continuará en el futuro.
Expectativas futuras sobre el clima y las células de Hadley
En cuanto a las expectativas futuras, se anticipa que las próximas mitigaciones reducirán los cambios previstos en las zonas ecuatoriales y moderarán la reducción en las áreas subtropicales. Sin embargo, esta moderación podría solo reducir, pero no superar, la aridificación y desertificación previstas para Israel. El Dr. Chemke concluye: “Nuestro estudio demuestra que ya está afectando fenómenos clave”. Además, añade que “esta investigación también mejora la confianza depositada en nosotros y ayuda a abordar con precisión nuestro seguimiento, examinaremos lo que se ha producido de manera similar en los últimos mil años debido a factores naturales, lo que permitirá hasta un punto inédito estos inducidos por el hombre”. Este trabajo cuenta con el apoyo del Liderazgo Familiar Willner del Instituto Weizmann.

